domingo, 2 de noviembre de 2008

Al este del Edén, Borneo

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Hay un lugar de ensueño en el mundo, donde las ciudades son bosques infinitos, donde los edificios son árboles milenarios, dónde predomina el verde sobre el gris y dónde la musicalidad de la naturaleza te acompaña por donde quiera que vayas. Ríos de color negro como la noche, que te guían llevando la vida allá por donde pasan mostrando al visitante los bellos secretos que guardan las mismísimas entrañas del Paraíso. En ese lugar, te sientes seguro, te notas sano y te crees inmortal. Allí la poesía te sale sin apenas esfuerzo, cualquier fotografía robada es un regalo y cualquier canción se convierte en himno. No hay tiempo ni calendario, no hay stress ni enemigos, no hay pasado ni mañana, solo la paz del momento y la felicidad fugaz del presente. Maravilloso contemplar como una legión de luciérnagas te iluminan el camino en la noche profunda a modo de árboles de navidad en la ribera del río para que la inseguridad se cristalice en espectáculo. Pero por más que intentes no despertar del sueño, se cuelan pesadillas por el quicio de la realidad. Ese verde, pierde protagonismo por la tala incontrolada de árboles, ese maravilloso sonido queda tapado por el chillido de las sierras mecánicas, y el color negro de los ríos, no es más que el futuro próximo que le espera al Edén moribundo.

Gracias al centro de rehabilitación de orangutanes de Biruté Galdikas por tan fenomenal e inolvidable encuentro. Por la labor, el esfuerzo y el amor sin paliativos.
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El Klotok, barco típico de Borneo, fue el medio de transporte utilizado para adentrarnos en la profunda e inhóspita selva.


El rio Senkoyer nos llevó en un viaje de ensueño a un mundo nuevo.

2 comentarios:

Jesús dijo...

Qué preciosidad el monito :D

Y qué viajes te pegas, pareces Rambo.

juliobcn dijo...

De la primera afirmación, no me cabe la menor duda. Lo de Rambo,.... no sé cómo tomármelo,....:D
Saludos