Tenemos tantas ganas de volver a sentir esas sensaciones nuevamente...Nos quedaron tantos lugares y emociones por vivir.
Desde pasear por la medina de Fès, pasando por respirar el aire puro del Atlas, a meditar las noches del desierto bajo mil y una estrella. Adentrarnos en Oasis de belleza insultante como Tinerhir, deleitarnos y cegarnos con los reflejos que provoca la blancura del pueblo de Chefchaouen, o impregnarnos del mar y la sal en la costa atlántica, divisando el horizonte desde la fortaleza portuguesa de Essaouria…. y Marrakech como no, la joya de la corona….

En Marrakech se encuentra la esencia milenaria del Imperio Almorávide y los mejores puntos de interés de todo Marruecos…. El olor embriagador de Marrakech se te mete en las entrañas nada más llegar y vives con él durante toda tu estancia. Todo te huele a ella, las calles, las plazas, el Zoco, el hotel, los jardines, la ropa…cuando vuelves a casa y abres la maleta, no puedes evitar cerrar los ojos y aspirar muy hondo, recordando los maravillosos momentos vividos.
Hoy me centraré, en el lugar con más encanto de Marrakech. Jemaa el Fna que se pronuncia (Yema el efná), es uno de los lugares más impresionantes de todo Marruecos, sin lugar a dudas…

La plaza te atrapa sin piedad nada más pisarla. No dudes en visitarla en tu primer día de estancia allí, pues si lo dejas para el final te arrepentirás toda la vida. Tras la primera visita de cortesía, vienen los reencuentros diarios con ella sin remisión, no puedes dejar de volver a vivirla ni un solo día. Cada vez que te reencuentras con ella, descubres algo nuevo que te embauca y te emociona.

Hay dos Jemaa el Fna bien diferenciadas, la de día y la de noche. Cada una con su personalidad propia y su esencia enigmática.
Durante el día, encuentras un ambiente más pausado. Puedes disfrutar de la plaza, con la impresionante estampa de la Koutoubia al Oeste, tomando un té o comiendo en cualquier Restaurante de los que rodean la plaza, del ir y venir de la gente con sus quehaceres diarios. Puerta de entrada al zoco, la plaza está rodeada por puestos de zumo de naranja, que son bien hallados cuando el calor aprieta. En su interior, salpicada de tatuadoras de henna ataviadas con burka riguroso, que solo deja los ojos a la vista del visitante, es compartida con estrambóticos encantadores de serpientes, que se ofrecerán a hacerte una foto con ellas, previo pago naturalmente.


Al atardecer, cuando el día empieza a claudicar ante la noche, es cuando empieza la verdadera transformación de Jemaa el Fna . Es la hora ideal para vivir la plaza desde otro punto de vista totalmente distinto, y la que más me gustó a mí personalmente.
Debes ofrecer completamente el protagonismo a la plaza, retirándote para vivir la maravillosa metamorfosis desde las alturas. La terraza del Cafè de la France es la mejor opción, tanto de día como de noche. Pero cuando el sol se pone, baja la temperatura y todavía queda un resquicio de luz natural, es cuando disfrutas verdaderamente de la espectacularidad de la plaza desde una tribuna de lujo.
Los puestos de zumo empiezan a perder el protagonismo, las tatuadoras van desfilando y los encantadores de serpientes hacen lo propio, para dar cobijo a un sin fin de adornados puestos de comida variopinta, que se van montado sobre la marcha sin prisas pero con presteza.
Pinchitos morunos, cuscús, tayín, harira,...y otros muchos manjares, se preparan sin dilación durante toda la noche, para saciar a comensales autóctonos y turistas, en una simbiosis de cordura y cordialidad….y es cuando entran a escena los verdaderos protagonistas de Jemaa el Fna.
Malabaristas, trapecistas, peleas de lucha libre, danzas, pequeños conciertos y los famosos cuenta cuentos, que recitan historietas tradicionales sobre virtuosos héroes y malvados villanos.
Si vienes andando desde la lejanía, solo acertarás a divisar una nube de humo procedente de las parrillas, visible gracias al paupérrimo haz de luz proveniente de los farolillos que apenas alumbran su propósito. A medida que te acercas, el bullicio se hace más latente y si sabes con certeza a donde te diriges, comenzarás a notar una especie de hormigueo en el estómago y un paulatino síndrome de atención sobre todas las cosas que te rodean.
Vivir esa sensación única es algo sorprendente y místico. Es lo más parecido a viajar en una máquina del tiempo o haber protagonizado cualquier película sobre las mil y una noches….
Literatura recomendada. Historias de Marrakech del pintor y escritor Mahi Binebine.
U2-Mysterious Ways
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1 comentarios:
vengo de marrakesh sin fotos por eso agradezco las tuyas y tus comentarios que comparto, Guilla, Mar del Plata
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