lunes, 3 de marzo de 2008

Serengueti, la llanura infinita.


"Poco tiempo me queda ya, para emular a Karen Blixen . No sé que me encontraré, pero algo bueno me espera, seguro. No las llamaría vacaciones, las llamaría vida, sueño, ilusión, morir y renacer. Abierto de par en par y con los cinco sentidos trabajando a pleno rendimiento para absorber la esencia de la vida, sin más." ...
...esas palabras citadas antes de emprender el viaje, no hacían más que presagiar un ínfimo detalle, de lo que en realidad y finalmente viví.




Solo advertiros un par de cosas; por menos que podáis, os recomiendo que hagáis un reset a vuestra memoria y un cambio de rumbo en vuestras vidas para viajar a la falla del Rift .
Donde perduran espacios naturales intactos desde hace millones de años, donde el amanecer y el atardecer pasan cual estrella fugaz con una rapidez inusitada que te ilumina el rostro y la memoria con un recuerdo vitalicio.

Amaneceres espectaculares y atardeceres fugaces de ensueño, os esperan.


Donde el hombre, pese a intentarlo, no ha podido más que abdicar ante tanta belleza y majestuosidad, enterrando las oscuras intenciones de someter tanta vida bajo sus pies.



Visitar a las puertas del parque nacional la garganta de Olduvai , cuna de la vida en este planeta, te hace sentir realmente pequeño e importante a la vez. Estar presente en uno de los lugares más importantes de África, en relación a yacimientos paleontológicos y arqueológicos, te hace ser partícipe de algo grande...de algo vital.

Impresionantes vistas de la garganta de Olduvai, donde parece ser, se originó la vida en nuestro planeta.


Disfrutar de la tierra en todo su esplendor y vivir la vida tal y como se concibió hace millones de años, era como vivir un sueño hecho realidad. Convivir con la fauna indómita, hacía que en ocasiones se me saltasen las lágrimas de emoción. Contemplar el horizonte con sus mañanas de incertidumbre y sentir el cielo con sus silencios de pureza infinita, me hacían vivir en la gloria más deseada.


Vistas desde una cumbre a las puertas del Serengueti.


Me estremecí escuchando "Hallelujah" de Jeff Buckley , con la mirada perdida en la llanura infinita salpicada de Acacias, lo que hace que a día de hoy, tenga un delicioso Flashback inmediato al escuchar tan bella canción.


Quien adora la música, no puede hacer otra cosa que emocionarse con tan bello panorama, mientras la escucha.



Fue un momento inolvidable. El segumiento a una leona con sus tres cachorros no dejó a nadie indeferente.




Riachuelos que cruzan la sabana dando vida allá por donde pasan y siendo testigo directo de la encarnizada supervivencia entre especies, en la conocida procesión migratoria de herbívoros en busca de pasto fresco. Siempre con los depredadores al acecho.

Con el consentimiento de nuestro guía, bajamos del camión para contemplar la vida en un pequeño rio que se abría paso por la savana, con el peligro evidente que ello comporta.


Un compañero se llevó un buen susto, al pasar justo por debajo de una Mamba verde, una de las serpientes más peligrosas del mundo.



La aventura diaria que supone levantarte cada mañana sin saber que iba a suceder. Noches de charla frente a la hoguera, con hienas merodeando el campamento. El miedo comprensible de los primeros días, al pernoctar en esa infinita planicie salvajemente habitada pero con la recompensa de soñar bajo un cielo estrellado enorme y maravilloso. La sensación de humano insignificante ante tanta grandiosidad y la búsqueda fructuosa de lo añorado...de lo perdido...de la vida.






1 comentario:

Jose Bela dijo...

Boca abierta cuan caimán. Gracias man.